Padres y madres manteniendo su ventana de influencia

Después de tener en mis manos la crianza de dos hijos y tres hijas puedo asegurar que he aprendido bastante, en medio de aciertos y errores, reconozco por supuesto que muchas de esos aprendizajes los alcancé un poco tarde. Desgraciadamente en este tema no nacemos aprendidos y generalmente ingresamos a la paternidad sin tener ni siquiera una inducción para ser padres o madres de familia.

Yo inicié mi vida matrimonial antes de cumplir los 18 años, así que la inmadurez y la falta de experiencia afectó en gran manera a los primeros hijos, ya que la crianza fue con mucha dificultad, si acaso podía revisar algunos libros de psicología y consejos de autores de la época, los cuales después de ponerlos en práctica, descubría junto con mi esposa que estaban totalmente equivocados para nuestro caso.

En esta corta reflexión deseo compartir algunos aspectos de mi experiencia como padre y confío que pueda ayudar a aquellos que recién comienzan o bien para quienes tienen adolescentes y puedan  realizar ajustes a tiempo.

A través del tiempo he escuchado cantidad de teorías y recomendaciones de parte de expertos y no expertos, algunas de estas están basadas en una alta dosis de autoridad paterna y excesivas reglas, otras en una relación permisiva, casi de amistad con los hijos poniéndose a un mismo nivel con ellos. Pero la experiencia me ha mostrado que ninguna de estas estrategias funciona, al menos no con todos, pues cada hijo o hija es totalmente diferente en personalidad, talentos, habilidades y forma de interpretar el mundo.

Si a esto le añadimos los cambios generacionales de las últimas décadas, el asunto se vuelve mucho más difícil, ya que aunque los puristas del desarrollo humano  mantienen un corte de edad para cada etapa del ser humano, la realidad no es como lo han establecido.  Hoy en día un niño o niña de nueve años puede estar simpatizando y viviendo alguna de las culturas juveniles de la época, las experiencias sexuales que antes ocurrían después de los 13 años, hoy se dan mucho antes. Igualmente notamos que a diferencia de hace 3 o 4 décadas donde un joven era adulto a cumplir los 18 años, hoy la adolescencia en algunos permanece hasta los 30 años por la mismas exigencias de su entorno.

Estamos plagados de culturas juveniles globales, fraccionando nuestros niños y jóvenes en grupos específicos que cuentan cada uno con su propio lenguaje, vestimenta, filosofía, música y arte entre otras.  Cada cultura local, está ligada a una cultura mundial, así que un joven de determinada cultura juvenil en Japón piensa, viste y siente igual a uno que está en Alemania, en Estados Unidos o en Centro América.

Todo esto dificulta la paternidad pues muchos progenitores ni siquiera entienden con qué cultura simpatiza su hijo o su hija, asumiendo simplemente que es solo un asunto de moda entre adolescentes.  Ser parte de una cultura juvenil hoy en día no necesita de tener amigos que con los que los niños o jóvenes puedan salir, simplemente se conectan virtualmente con ellos.

Piense en esto, hasta los ocho años de edad aproximadamente, los padres y madres tienen una influencia alta sobre sus hijos, mientras que los amigos de ellos mantienen una mínima influencia.  A partir de los ocho años la ventana de influencia comienza a invertirse hasta que aproximadamente a los doce años, la influencia de progenitores y amigos esta en un 50% cada uno y es a partir de ese momento los padres comienzan a perder rápidamente la influencia a tal grado que a los quince años se ven obligados a establecer su autoridad por la fuerza, pues han perdido toda posibilidad de influir sobre los hijos.

Esta condición según indican los expertos, se mantiene hasta los veinte años cuando los padres y las madres comienzan nuevamente a tener la atención de los hijos en forma paulatina y dependiendo del resultado que se haya dado en la vida de los jóvenes al salir de la crisis de la adolescencia, pues de lo contrario esta se puede extender como lo indiqué antes hasta edades de treinta o más años.

He notado que esta teoría se cumple no solo por mi experiencia, sino por la de cientos de padres y madres con las que he interactuado.

En medio de todo esto personalmente he logrado descubrir dos disciplinas que considero que todo padre y madre debería conocer para ayudarse a mantener su ventana de influencia abierta, me refiero al coaching y al mentoring, disciplinas milenarias que han sido retomadas hoy en día por gobiernos, instituciones públicas, organizaciones eclesiásticas, empresas y evidentemente por padres y madres de familia que han encontrado en estas una estrategia adecuada para superar los retos de sus roles en este siglo.  En el caso específico de padres y madres, se convierte en el método más eficiente para mantener la ventana de influencia abierta durante toda la adolescencia, permitiendo guiar a sus hijos en una manera excelente.

Si usted basa su paternidad o maternidad solo en la posición de autoridad que ocupa, su nivel de influencia hacia sus hijos será muy bajo.  Además usted debe tomar en cuenta que conforme los niños crecen van desarrollando conductas basados en los que ven.  Generalmente la influencia mayor, la reciben de aquellos con los que pasan la mayoría de tiempo con ellos.

Para convertirse en buenos mentores, se vuelve necesario implementar varios aspectos que son fundamentales en la relación con los hijos, aquí solo los menciono, pero en nuestro programa de Coaching para Padres y Madres en Familias Saludables, los desarrollamos ampliamente con actividades y ejercicios con los hijos. 

Estos factores son:

  1. Establecer un modelo, los hijos van a imitar lo que ven
  2. Tener una relación de confianza
  3. Brindar herramientas adecuadas para el desarrollo
  4. Empoderar fortalezas
  5. Escuchar activa y empáticamente
  6. Orientar en forma intencional mientras que sus hijos están con usted
  7. Trascender a través de la influencia, sus hijos continuarán la red

Lic. Adrián Rojas
Master Coach Certificado

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